Las despedidas tienen un protocolo que hace necesario mentir para no sentirse culpable o responsable del fracaso que supone el final de algo. A veces ni siquiera el final, sino del vacío de lo que nunca fue.
Y en ese protocolo mentiroso, no solo se eluden preguntas inútiles y respuestas insuficientes.
Lo peor de las cosas que se acaban es eso. Que se acaban. Y por mas agua que entre en el río, siempre termina en el mar. Y como un envase con filtraciones, lo que se pierde, se pierde, no se transforma en el vaso.
Así son las despedidas. A veces un poco dramáticas, otras veces violentas, pero otras veces silenciosas. Casi imperceptibles. Las que dejan la sensación de que aquí no ha pasado nada. Después de dar la espalda, se da vuelta la página, como en un libro reconocido que permite adivinar el párrafo que sigue.
Es como un viaje de regreso a casa. La misma ruta, los mismos kilómetros...Pero ¿por qué las ruedas giran más rápido?…¿Por qué el regreso siempre es más veloz?¿ Por qué volver hace que esa ruta se pliegue en medio del desierto y quite los oasis que vimos cuando hicimos el camino de ida?
Vidas que viven, bocas que hablan, labios que besan, manos que acarician, pies que corren, ojos que se humedecen y sonrisas que ríen.Después de todo lo único que intento es no pensar. Ni sentir.
que razón, los encuentros son magnificos pero las despedidas ..ojalá se pudieran borrar son demasiado amargas
ResponderEliminarun besoo jess loveuuu (LLL)
tieneees toda la razoon!
ResponderEliminarpasatee http://unrefugioenelcamino.blogspot.com/
graciaas! (: